Juan Palomares

La seriedad de la travesura

 

 

Escribir sobre Juan Palomares es tan fácil cómo dificil. Fácil por la claridad con la que uno siente por su arte, y difícil porque siento que no seré capaz de acercarme a tocar la superficie del cielo que encierra el universo de su pensamiento. Decir que la provocación a mí se me presenta como la columna de su esqueleto artístico, diría poco, es mucha más compleja y artículada la idea que se presenta en el trabajo de Palomares. Yo hablaría de un cinismo dulce tratado con maestría, imagen con una carga reflexiva hiriente hasta el tuetano. Hemos contemplado las mujeres que en unas anatomias fuera de cualquier equilibrio posible escondían una belleza aparentemente imposible de hallar con los pinceles, y Juan las expone ante nuestro ojos, como el que ha encontrado un tesoro que desea compartir. Todo artista es obsceno, y él no sale de esta regla inamovible. Ha colaborado con artistas como Enrique Marty, Assaad Award o Antonia San Juan, y su obra ha sido expuesta por derecho propio en La Fresh Gallery o Parking Gallery donde no dejó indiferente a cada uno de sus visitantes. En el trabajo que nos presenta esta vez, Palomares ahonda en esa provocación vinculandola a la censura, tan antigua y tan de moda, donde el pezón de una mujer parece que produce más escándalo que una salvaje pelea de perros. Imágenes cargadas de sexo, pero sin sexo, vulgaridad impregnada de la más absoluta elegancia, lo oscuro del hombre que nos lanza a una curiosidad. Escribir sobre Juan Palomares es tan fácil como dificil, dijo Sthendal que “la belleza es una promesa de futuro”, y Juan Palomares siempre cumple sus promesas. Si la obra debe ser la única defensa del artista, él por su arte vive en un mundo blindado.

 

 

Rubén Tejerina

ilustraciones originales disponibles, mas info en: juanpalper@hotmail.com

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